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Carlos V y la casa de Juan Pariente

CASA DE JUAN PARIENTE
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Aquí descansó CARLOS V cuando llegó el sábado 26 de septiembre del año de 1517 a costas Llaniscas. 

Según los escritos del cronista, el Rey se alojó en la casa de D. Juan Pariente (hoy de D. José Bernaldo de Quirós), que le ofreció pan, vino y carne. En la recepción y besamanos los señores de llanes le presentaron una petición de que…

«Los Tuviese por sus Recomendados, y les Tuviese como sus Predecesores Los Reyes de Castilla Habían Hecho, sin Ponerlos otro Guarda ni Gobierno mas que El Suyo, y que con Ayuda de Dios Darían tan Buena Cuenta de su Villa que Seria Causa de Estar Contento de Ellos»

Oyó misa, el Rey Carlos V, en la iglesia mayor y por la tarde asistió a una corrida de toros donde el cronista relató:

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«Por la tarde y después de vísperas, fue Su Magestad a ver la corrida de toros, que proporcionó gran diversión por que los toros eran fieros y malos como ellos solos, según lo demostraron cuando ya estaban excitados, hiriendo a muchas personas, entre las cuales hubo un hombre en peligro de muerte. Para datos a conocer lo que es este juego, se escoje una plaza grande y espaciosa para ver mejor ía corrida, cuyo sitio se cierra para seguridad de los espectadores, y preservarlos de los peligros que pudieran acontecer les, como también evitar que nadie entre en el cercado que no sea de la cuadrilla, la cual se compone de un número de mozos valientes, a pie y a cuerpo para poder correr mejor y defenderse de la fiera, llevando cada cual en la mano su correspondiente chafarote. Luego, y cuando ya estan preparados, se hace salir un toro y que entre en la plaza, y como se asombra de ver tanta gente por todos lados, por que a donde quiera que vá se encuentra con el paso cerrado, entonces para mas incitarle los toreros, le tiran unos palos de diez pies de largo que tienen a la punta un pincho de hierro afilado como el de una lezna. Cuando los toros se sienten heridos por las picas que les han puesto, y perseguidos por los gritos de todos lados, se enfurecen de tal modo, que destruirían a una persona si llegara a alcanzarla, así braman y corten enfurecidos por los fuertes pinchazos que la cuadrilla les dá, y les veréis correr con quince o diez y seis picas a la vez que les cuelgan de la piel, y la hieren cada vez mas, cuanto mas corren, y se dá a correr detrás de uno de los chicos, en que se ha fijado para envestirle, y el cual no sabe como escapar; tan rudamente le persigue la fiera. Entonces cuando sus compañeros ven que empieza a fatigarse, persiguen todos al toro, dándole tajos con las espadas, de suerte que el animal se vé obligado a dejar su presa para perseguir a otros, viéndose con frecuencia que algunos se hechan al suelo para evitar el encontronazo y tal vez la cornada, cuando de otro modo no les es posible escapar. Y cuando el animal les ha corrido un buen rato, y ellos han dado vastante entretenimiento a los espectadores, de miedo de que la bestia no hiera malamente o mate a alguno de los de la cuadrilla, le cortan los jarretes con sus chafarotes, con lo cual el toro se ve obligado a arrastrarse, y por último a echarse por no poderse tener yá sobre sus piernas, matándole después y arrastrándole fuera para repetir la fiesta con otro toro, y ver cual era el peor de la ganadería o el que había dado mas juego. Así como lo habéis oido, tienen lugar las corridas de Toros»

El emperador pernoctó en LLanes 2 noches hasta su despedida el lunes 28 septiembre de 1517. Dejó la villa con su hermana la infanta Leonor, el Señor de Cheves y un numeroso cortejo de señores.

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Antes de marchar, el Rey, donó una importante suma de dinero para el desarrollo del altar mayor de la iglesia parroquial.

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